sábado, abril 09, 2005

Por ahora: CAPITULO 1

L’ESPLOSIONE STELLARE

Mucho tiempo había yo errado entre esas paredes, que contenían ya mis llantos, esperanzas y alegrías, mis risas, desalientos y aflicciones, tanto era el tiempo, que ya me había acostumbrado a la oscuridad, combatida solo por estrellas. Estas estrellas eran cada vez más, y a pesar de mi alegría por tenerlas presentes, su luz era tenue, fútil y muchas veces no pude ver el mejor camino en las encrucijadas, pero bastaban. Mucho reí y disfruté al amparo de mis estrellas, pero fue así que un día, sin darme cuenta y guiado por aquellas paredes que me protegían, tomé un camino muy extraño, en el que se elevaron las paredes de un solo lado, tan alto que, por mas intentos que tuve por ver las estrellas de ese flanco, no podía ver mas que una ligera luz, unos pequeños haces que filtraban por pequeñas hendiduras en la imperfecta pared.

Aún más sombrío y tenebroso fue ese camino, que cualquiera que ya hubiese transitado, pero fue también allí que las vi por primera vez. Después de mucho andar, pude distinguir en el cielo una estrella más fuerte que cualquiera de las que conocí, con las que tanto me regocijé. Pero no estaba sola, junto a ella se posaban otras estrellas casi tan fuertes como la primera. Gracias a estos astros pude ver con claridad la pared que se encontraba a mi lado. También pude comprender que el muro no era imperfecto y desagradable, sino que era distinto al muro que ya sentía como mío, inmutable y seguro, y que esto se debía a que cubría las estrellas que tanto quise, y no he dejado de querer. Así comencé a disfrutar de este nuevo camino, notando detalles en la rígida y elevada pared, y así también, complacido con el recorrido, enfaticé el cielo en busca de estrellas. Encontré muchas estrellas, pero ninguna más fuerte, segura y estable que aquellas cuatro.

Durante el tiempo que permanecieron a mi lado y yo al suyo, estas estrellas brillaron más que cualquier Sol que haya visto, más que cualquier Luna que se haya presentado, y yo me esforcé por resplandecer de la misma manera, con la misma intensidad e iluminar su camino, así como ellas lo hacían por mi. Largo fue el regocijo, pero una estrella cayó; ella vislumbró un Sol más atractivo que cualquier estrella y fijó su mirada en él, se posó junto a él, se alejó, pero su luz, débil, distante y firme, permaneció a mi lado. Ésta estrella se llamó la “Perdida”, por sus viajes entre las estrellas alojadas en su memoria y borradas de su vista, y el Sol.

Posteriormente al suceso que me entristeció, una nueva estrella apareció en lo alto, junto a las restantes tres. Esta nueva estrella, débil e insegura, situada junto a las otras, solo brillaba con poder si las otras lo hacían, las seguía, pero yo me sentía bien, y aprendí a quererla también, aunque jamás reemplazaría a la “Perdida”.

Triste y alegre pude ver que la estrella más radiante, constante y activa comenzó a alejarse, lentamente y no muy lejos, pero lo suficiente para evitar que nos divirtiésemos juntos, pero iluminándome como siempre lo había hecho. Conjuntamente a este hecho, una de las primeras estrellas que había aparecido se alejó también, llevándose a la última en presentarse, como el viento se lleva las hojas en otoño y la primavera derrite los últimos vestigios de un helado invierno. Así fue que mi tristeza se agudizó, aunque no fue por mucho, ya que no era el dolor de su ausencia, sino la desilusión de haber estado viviendo algo que conceptué como una mentira.

Así fue que quedaron dos estrellas importantes, una que se alejaba y se aproximaba pero siempre mantenía el mismo resplandor, mientras que la restante siempre se mantuvo igual. En los momentos en que la primera se ausentaba, la segunda soportaba el pesar conmigo, y atraía a las otras dos, pero esto también fue una estúpida ilusión, una ingenua utopía, porque apareció para la segunda estrella importante que restaba, el Sol más fuerte que se pueda imaginar. Este Sol, en otro laberinto, en el mío fue una criatura de las que yo venía escapando, no por malignidad, sino por fealdad. Pero la estrella vio un extraño e incomprensible resplandor en la criatura, y la convirtió en su Sol, dándole una ilusoria belleza y una falsa luminiscencia. Fue así que esta estrella se alejó y se perdió en el infinito, separándome también de la ilusión de las otras fugaces estrellas, dejándome en compañía de aquella estrella que siempre estuvo, a pesar de la distancia que la alejó, que tanto me iluminó y que brilló con mas fuerza para atraer a las otras estrellas, pero su esfuerzo fue en vano; no para mi. Decidí nombrarla “Cruz del Sur”, por su intento fallido de atraer las estrellas perdidas, por poseer la luz de ellas, por no conocerla desde un principio pero ver que siempre estuvo guiándome y por mostrarme estrellas que no lo son para mí, pero que me alegró conocer.

Empero a todo lo sucedido con las estrellas, quise reunirlas a todas, ya que la verdadera separación se avecinaba. Una vez más, fallé. Solo se presentó a la convocatoria, a la desesperada llamada de lucha por los tiempos vividos, la Cruz del Sur junto a un satélite, que podría considerarlo más brillante que cualquiera de las otras estrellas. Sintiendo en mí todo lo que sucedía comprendí que solo quedamos aquella estrella y yo, sin más astros igual de radiantes en mi cielo, aproximándome a la reunión con aquellos que quedaron cubiertos tras la pared. También me obligué a entender que aquella estrella que convirtió la criatura en Sol logró fusionarse con ese gran astro, la perdí de vista al empequeñecerse pero la vi por última vez, en aquel momento que me hizo enfurecer, en aquel momento que comprendí que no todo es lo que aparenta, en aquel momento que vi la explosión estelar.

1 comentarios:

Vane dijo...

¿Qué sentido tiene leer algo hermoso si no te moviliza?

La palabra justa en el lugar indicado...
Nada vale lo que no significa nada, lo que no te remite a algún instante...

Hay quienes poseen el don de expresar lo que gustan exactamente como desean hacerlo... y hay quienes no poseemos ese don.

Pero que pasaría si las palabras además de poseer belleza pudieran desprendernos alegría...
... tristeza,
a través de algo tan simple como una lágrima.

Para ser totalmente sincera... la idea de que alguien tenga la capacidad de manipular nuestras emociones a través de palabras asusta mucho... pero a la vez nos deja maravillados...

¿Con qué objeto nos refugiamos en la lectura si esta no tiene semejanza alguna con la realidad?... La respuesta es simple, la que vale la tiene... y eso si que vale la pena...

Lo que leí vale la pena...